Simón Díaz “Cuando a caballo le dan sabana”

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Por Ángel Cristóbal García (Exclusiva de La Revista Apa y Acordeón)

Fotos: Jorge Carías

 

Hay algo en el maestro Simón que nos hace querer detener el tiempo durante una conversación o una entrevista. Después, descubrimos que ese algo no es más que el privilegio de estar ante lo trascendente, ante uno de esos hombres que Berthol Brecht definió como “los indispensables” de la vida de un pueblo.

¿Por qué será que la vida de los grandes, de los genios, de la gente que sella su impronta en el corazón de las masas comienza siempre en la más sencilla humildad?

Aquel fresco mediodía que visitamos la residencia de Simón Díaz, en Cumbres de Curumo (al sureste de Caracas), el artista más querido de Venezuela nos recibió con una amplia sonrisa. Luego del habitual intercambio de saludos y presentaciones, el Tío Simón nos paseó amablemente por su hermosa propiedad; una de las pocas, sino la única, que posee una escalera sin escalones que conduce a las habitaciones superiores y una piscina con calefacción a donde el aire de las cumbres llega fresco y puro. Simón nos mostró con orgullo las fotos, pinturas y galardones que adornan las paredes de la mansión. A ratos se sentaba al piano y los acordes de una melodía conocida se dejaban escuchar con cierta melancolía. Hay algo en el maestro Simón que nos hace querer detener el tiempo durante una conversación o una entrevista. Después, descubrimos que ese algo no es más que el privilegio de estar ante lo trascendente, ante uno de esos hombres que Berthol Brecht definió como “los indispensables” de la vida de un pueblo.

¿Por qué será que la vida de los grandes, de los genios, de la gente que sella su impronta en el corazón de las masas comienza siempre en la más sencilla humildad? Simón Díaz, por ejemplo, nació en una fresca mañana de agosto de 1928, en un pueblito ribereño del río Guárico, del Estado Aragua, llamado Barbacoas. Allí transcurrió su infancia, pobre pero a la vez rica en ambiente, paisaje y tradición. De aquel pueblito azotado por las enfermedades y la desolación, la familia se muda a San Juan de los Morros y es allí donde comienza el verdadero encuentro de Simón con la vida: fue becerrero en Santa Isabel, muchacho de mandados en casas de familia, repartidor de una bodega, vendedor de chucherías y granjerías que Doña María, su madre, preparaba. Pero, poco a poco, también irá demostrando su inclinación por la música y en los años 40 se incorporó a una orquesta del pueblo. “Yo acomodaba los atriles, los micrófonos, era el peoncito de la agrupación y ganaba 5 ó 6 bolívares por cada baile” –recuerda, mientras coloca su diestra sobre mi hombro. “Me conocía todo el repertorio de esa orquesta y a la larga me convertí en cantante bolerista, hasta que me colmé de aquel pueblito y me vine a Caracas, a estudiar música”.

No es difícil pensar que, siendo un poeta de la vida, con tan sólo 20 años de edad el joven Simón decidiera mudarse a la capital del país. No es difícil creerlo, porque los poetas hacen camino al andar buscando expandir su alma. Y aquí, en aquella Caracas de tranvías y hombres de traje y chistera, Simón Díaz se inscribirá en la vieja casona de la Santa Capilla (la Escuela Superior de Música) bajo la dirección del maestro Vicente Emilio Sojo: es allí donde adquiere importantes conocimientos que le servirían más tarde para realizar sus famosas composiciones; es allí donde comienza su leyenda.

 

-Sr. Simón ¿cuáles han sido desde entonces sus principales fuentes de inspiración?

-Mira, mi inspiración es el recuerdo de aquellas cosas; del ordeño, de las vacas, de la sabana, de las aguas y de las lluvias, de todas las cosas hermosas que había en aquella época. Esa fue mi imaginación, mis recuerdos y mi conducta como vía para componer.

-Y por eso se dedicó a componer tonadas. ¿Ud. fue precursor de ese género en Venezuela?

-Fíjate, mi primera tonada la escribí en el año 1954 y fue “Tonada del Cabrestero”. Venezuela, en esa época, tenía tonadas pero no de esta manera, sino tonadas joropos, que eran preparadas por los compositores venezolanos para grandes cantantes y era lo que más fuerza tenía entonces. Aunque sí habían comenzado ya otros autores con tonadas llaneras, que tienen que ver con la esencia del trabajo llanero. De ahí me agarré yo para hacer esas composiciones que hoy en día son conocidas con bastante regularidad, mundialmente. No soy un precursor, en realidad me dediqué a continuar la tonada venezolana y a fortalecerla.

-¿No cree que con el tiempo morirá el canto del arriero?

-Yo de chiquito conversé muchas veces con la gente humilde del campo y escuchaba sus cuentos, les oía cantar, reír y soñaba con ser algún día un arriero. Todavía queda gente en el llano que ordeña. Esta faena es un gran reservorio de la tonada, allí el ordeñador se “ordeña” la cabeza también y produce preciosos versos, hermosas coplas, hace juegos bellísimos con los nombres de las vacas y becerritos y aprovecha el cantar para lanzar, con cierta picardía, a la muchacha de oficios de la casa y, algunas veces, a la hija del dueño del hato, inteligentes e intencionadas coplas amorosas…No, eso nunca morirá.

-Usted nació a las 8 de la noche, el día 8 del mes 8 del año 28 y ¡hasta trabajó en el canal 8! ¿Número cabalístico?

-Tal vez, por ahí dicen que en la numerología el 8 significa el rey, cifra de los triunfadores.

-Y de hecho lo es. Usted, Don Simón, ¡le ha dado la vuelta al mundo en lomos de un “caballo viejo”!

-Sí, es una canción que toca un tema importante, pareciera como si nunca antes se hubiera tocado. Yo conocía temas de novelas y de películas como “Amor en la tarde”, que hablan de un hombre maduro enamorado de una joven. “Lolita”, por ejemplo, es una muchachita enamorada de un hombre maduro…pero canciones, no conozco que hubieran sobre este asunto. Y se me ocurrió a mí hacerlo. Hay una carta muy hermosa que Julio Iglesias dirige a una disquera donde escribe: “La canción Caballo Viejo, de Simón Díaz, es una de las más importantes que he conocido en mi vida. Pues el caso de tratar los amores de un hombre maduro con una muchachita estaba reservado…y este Sr. Simón lo hace a través de un caballo, una habilidad sin dudas del compositor”. Cabalmente se trata de un sentimiento universal, y es una canción que va a perdurar en el tiempo, porque un joven no es “caballo viejo”, pero mañana lo será por ley de la vida. Antes de mi canción, a un hombre maduro enamorado de una joven le gritaban “¡viejo verde!”, ahora le gritan ¡caballo viejo!

-“Caballo viejo”, tiene muchísimas versiones en diversos idiomas. ¿Cuál considera usted la mejor versión o la que más le ha gustado?

-Bueno, dices bien, han habido muchas versiones, más de trescientas versiones diferentes, en diez o doce idiomas. Son muchos los cantantes que la han versionado, pero si pudiera escoger me quedo con las versiones llaneras, cantadas con un cuatro nada más. Aunque son muy buenas las realizadas por Julio Iglesias, Plácido Domingo, Rafael, Juan Gabriel y Barbarito Diez. Lo que más me gusta es lo que “Caballo viejo” representa para mi país; eso me satisface mucho, a mis hijos y a mi esposa.

-Pero también, Ud. ha tenido un vínculo muy especial con la música y cultura cubanas, ¿no es cierto?

-Sí ¡como no! Me han dicho que en la historia cultural de Cuba han hecho tres grandes recibimientos a artistas. Uno a Alfredo Sadel, otro a Oscar D’León y el tercero a Simón Díaz. Después he ido como diez veces, especialmente a La Habana; allí visité a Barbarito Diez cuando estaba convalesciente. Barbarito se puso a llorar conmigo recordando sus viajes a Venezuela.

-Don Simón, como esta revista, “Arpa y Acordeón” une en sus páginas los folclores de dos pueblos hermanos; ¿qué recuerdos le trae a la memoria Colombia?

– Colombia ha sido y será siempre un país muy presente en mi carrera. He tenido la oportunidad de trabajar allá en diversas ocasiones, y de dar a conocer mi música no sólo en presentaciones, sino también a través de la televisión. Pero, quiero decirte, que el primero en llevar a Colombia una canción mía, fue Freddy López. Freddy convirtió a ‘Caballo viejo’ en un tema de locura, allá por 1982. Después el grupo colombiano ‘Los Corraleros’ fue el primero en versionarlo y adaptarlo a una parranda vallenata. En ese momento fue tal el éxito de ese tema que Mirtha Pérez también lo grabó, pero yo llegué después a Colombia con mi versión y la impuse en la radio.

-Usted también ha sido objeto de homenajes en Colombia…

-¡Sí, por supuesto! El año pasado se llevó a cabo el “Tributo al maestro Simón Díaz”, donde participaron varios conjuntos de música de los Llanos, una región ganadera que comparten Colombia y Venezuela, donde se interpreta la música con arpa, cuatro y maracas. También fui homenajeado en Tulua, Bogotá y Medellín con sendos espectáculos, la verdad es que siempre me han tratado con mucho cariño por allá. 

 -¿De su carrera hay  algún sueño que no haya podido cumplir.

-Una de las cosas que más me entristecen es el hecho de que uno de los más grandes cantantes de Venezuela, no haya podido grabar una canción mía. Me refiero a Alfredo Sadel. Él me visitaba, se sentaba al piano y cantaba mis canciones. Me decía, “voy a hacer un disco con puras canciones tuyas”, pero la muerte impidió que este sueño se realizara.

-¿Está satisfecho de los reconocimientos que ha recibido?

-Soy uno de los que más premios y reconocimientos he recibido en mi país. ¡Hasta la calle donde vivo se llama Simón Díaz! El Teatro Nacional de Venezuela lleva mi nombre, tres universidades me han conferido el título de Honoris Causa y tengo el premio del libertador Simón Bolívar, en su primera clase. En el 23 de Enero hay una calle grande, con una estatua mía, que también lleva mi nombre. Estoy muy contento, porque he podido ver vivo todos esos reconocimientos.

-Ud. Don Simón, ¿sigue alguna postura política determinada?

-Nunca en mi vida he sentido afinidad por alguna corriente política. Sino que me adhiero a esa corriente política de sentir nacional, a la que aspiro yo que sea bueno para toda Venezuela. Yo siempre estaré con los que quieran el bien de mi país, no importa el partido que sea. En lo particular te digo lo siguiente, yo soy un hombre muy apreciado por mucha gente; por eso mismo no me meto en la política porque, de hacerlo, perdería la mitad de mis admiradores. Mi condición es que estoy a favor de la total democracia venezolana.

-¿Cuál es su mayor orgullo?

-Mi mayor orgullo es haberme casado con Betty, quien me dio tres hijos: Simón, Betsimar y Juan Bautista. Pero casi por encima de eso, lo más importante que me ha dado Dios es ser venezolano.

-Como punto final de esta entrevista, Tío Simón, quisiera pedirle un saludo muy especial para las lectores de “Arpa y Acordeón”.

-Con gusto pues ahí va:

 

Simón desde “Arpa y Acordeón”

les va a dedicar a ustedes

las más lindas gratitudes,

y las da con emoción.

Con un cariño soberano

como este que tengo yo

mirándome aquí el reloj